Domingo, 23 de noviembre de 2025.

“Aspectos clave para desarrollar una comunicación asertiva”

En esta segunda entrada exploraremos dos aspectos fundamentales para aplicar la asertividad en situaciones reales: el manejo de emociones y el uso adecuado del lenguaje. A través de ejemplos, reflexiones y recomendaciones prácticas, comprenderás cómo implementarlos en tu vida diaria.

🧠 1. Manejo de emociones: la base de la asertividad. 





La asertividad no solo depende de lo que decimos, sino de cómo regulamos nuestras emociones antes y durante la comunicación.
Muchas veces reaccionamos por impulso, desde el enojo o la frustración, lo cual afecta el mensaje y daña la relación.






🔍 Ejemplo:

Si un compañero no cumple su parte del trabajo, una persona agresiva podría decir:

“¡Siempre haces todo mal, ya no quiero trabajar contigo!”

Una persona pasiva diría:

“Bueno… yo lo hago, no te preocupes…”

Pero una persona asertiva diría:

“Me siento frustrada porque la parte que te correspondía no está lista. ¿Podemos organizarnos mejor para terminar a tiempo?”

✔ Recomendación práctica:

Antes de hablar, pregúntate:

  • ¿Qué estoy sintiendo?

  • ¿Qué quiero comunicar realmente?

  • ¿Cómo puedo decirlo sin herir ni callar lo que pienso?.





2. El uso adecuado del lenguaje: claridad, respeto y firmeza

Las palabras tienen un impacto enorme en la forma en que otros reaccionan.
Una comunicación asertiva utiliza un lenguaje directo, respetuoso y claro.

🔍 Caso breve

Imagina que te piden hacer un trabajo extra aunque ya estás saturada.

Respuesta pasiva:

“Está bien… lo hago.” (Aunque no puedes)

Respuesta agresiva:

“¡No! Ya estoy harta de que me carguen todo.”

Respuesta asertiva:

“En este momento no puedo asumir más tareas. Puedo ayudarte después de terminar lo que ya tengo pendiente.”

✔ Recomendación práctica

Usa la fórmula:
“Yo siento + cuando tú + y necesito/propongo…”
Por ejemplo:

“Yo me siento presionada cuando se agregan tareas de último momento. Necesito que me avisen con anticipación.”

 

🌟 Reflexión final

La asertividad no es un talento con el que se nace, sino una habilidad que se aprende.
Practicarla te permitirá fortalecer tus relaciones, reducir conflictos y sentirte más seguro al expresarte.
Con pequeños cambios diarios —como reconocer tus emociones y elegir palabras que expresen tu punto de vista sin atacar— podrás transformar tu manera de comunicarte y construir espacios más respetuosos y empáticos.

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